Castillo de Kinclaven
GJFH+JX8 Perth, Reino UnidoUna fortaleza real entre el Tay y el Isla
Los restos del castillo de Kinclaven se ocultan entre los árboles, cerca de la confluencia de los ríos Tay e Isla. Su emplazamiento permitía vigilar un importante paso fluvial y las rutas que comunicaban el corazón del reino de Escocia con las tierras situadas más al norte.
Una tradición recogida durante el siglo XIX relaciona este lugar con el rey Malcolm III, conocido como Malcolm Canmore, y con una posible fortificación del siglo XI. Sin embargo, no existen pruebas arqueológicas suficientes para identificar los muros conservados con aquella supuesta fortaleza primitiva. La construcción visible parece corresponder principalmente a un castillo levantado durante la primera mitad del siglo XIII.
Un nuevo castillo para Alejandro II
La edificación del castillo medieval suele situarse en el reinado de Alejandro II de Escocia. Se ha propuesto que Kinclaven pudo adquirir mayor importancia después de que una inundación dañara gravemente el castillo real de Perth en 1209, aunque la relación directa entre ambos acontecimientos continúa siendo una hipótesis.
Los documentos de la cancillería real muestran que Alejandro II expidió varias cartas desde Kinclaven, lo que confirma que el lugar formaba parte de los desplazamientos de la corte. La residencia continuó utilizándose durante el reinado de Alejandro III. En 1264, las cuentas reales registraron gastos relacionados con el transporte de vino hasta Kinclaven y con la reparación de una embarcación, pequeños detalles que revelan el funcionamiento cotidiano de una residencia regia situada junto al río.
Un recinto de piedra protegido por los ríos
Kinclaven no parece haber sido un castillo dominado por una gran torre central. Su elemento principal era un recinto de planta aproximadamente cuadrada, de unos 40 metros de lado, rodeado por muros que alcanzaban cerca de 2,3 metros de grosor. En sus cuatro esquinas se distinguen indicios de torres cuadrangulares que reforzaban las defensas.
La entrada principal se encontraba cerca del extremo meridional del muro occidental, mientras que en el centro del lienzo sur existía una puerta secundaria. No quedan vestigios reconocibles de los edificios que ocuparon el interior. El río y la pronunciada pendiente del terreno protegían uno de sus flancos; en los restantes lados pudo existir un foso y quizá un puente levadizo, aunque los estudios modernos no han logrado confirmar claramente estas estructuras.
Los análisis realizados sobre la fábrica conservada indican que los muros fueron construidos con técnicas y materiales bastante uniformes. Esto sugiere que la mayor parte del recinto pertenece a una misma campaña constructiva, probablemente desarrollada durante el siglo XIII, sin grandes ampliaciones posteriores claramente identificables.
Eduardo I y la leyenda de William Wallace
La tranquilidad del castillo terminó con el comienzo de las Guerras de Independencia de Escocia. Durante la invasión inglesa de 1296, Eduardo I de Inglaterra atravesó estas tierras y Kinclaven quedó en poder de una guarnición inglesa.
La tradición sostiene que William Wallace tomó el castillo, acabó con sus defensores y ordenó destruirlo. Algunas versiones sitúan el ataque en 1297 y otras en 1299. El relato procede principalmente del poema compuesto por Blind Harry casi dos siglos después de la vida de Wallace, por lo que no puede considerarse un episodio plenamente confirmado. La presencia de Kinclaven en la campaña inglesa está documentada, pero los detalles de su espectacular conquista pertenecen más al terreno de la tradición épica.
La última campaña del castillo
Kinclaven volvió a adquirir importancia durante la segunda fase de las guerras. Las fuerzas inglesas o partidarias de los Balliol repararon y ocuparon la fortaleza hacia 1335, convirtiéndola nuevamente en un punto de apoyo militar. Poco después, las tropas escocesas dirigidas por sir Andrew Murray, guardián de Escocia, recuperaron el castillo durante la campaña de 1336-1337.
La fortaleza fue entonces destruida para impedir que pudiera volver a ser utilizada por el enemigo. Este ataque, que probablemente tuvo lugar en febrero de 1337, marcó el final de Kinclaven como posición militar de relevancia. Aunque las tierras cambiaron de propietarios en los siglos posteriores, los muros conservados no muestran señales claras de una reconstrucción residencial importante durante la Baja Edad Media.
Una ruina escondida entre los árboles
Actualmente sobreviven fragmentos de los gruesos muros perimetrales, algunos de ellos con varios metros de altura, dispersos dentro de una zona arbolada. El conjunto está protegido como monumento planificado de importancia nacional desde el 17 de octubre de 1936.
El acceso no está acondicionado como el de una atracción turística y los restos se encuentran junto a terrenos de gestión privada. No existe un aparcamiento específico para el castillo, por lo que conviene respetar la señalización local, no utilizar zonas privadas de estacionamiento sin autorización y extremar la precaución en las carreteras cercanas.
Fuentes consultadas:
Historic Environment Scotland — Kinclaven Castle, SM1640
Trove / National Record of the Historic Environment — Kinclaven Castle
Perth and Kinross Archaeological Research Framework — Royal residences
MacGibbon y Ross — The Castellated and Domestic Architecture of Scotland, volumen I
Wikisource — descripción histórica y arquitectónica de Kinclaven
Estudio de materiales y técnicas constructivas del proyecto Scottish Medieval Castles and Chapels C14 Project, publicado en Discovery and Excavation in Scotland 2018.
Fuente inicial: castle-finders.co.uk/Scotland/kinclaven-castle
Imagen destacada: castle-finders.co.uk/Scotland/kinclaven-castle